N° 1

 

NAHUEL VECINO, ENTREVISTA AL JOVEN PINTOR

ME FALTA PUNCH, CRONICA DE UN TRABAJO ABURRIDO

MISSINGBOOKS, PROYECTO EDITORIAL QUE REPUBLICA LIBROS PERDIDOS

GUISO DE ARVEJAS, RECETA

ARQUITECTURA PLANA, FACHADAS ARTIFICIALES QUE ENGAŅAN AL OJO DISTRAIDO

 

CONTRIBUIDORES: ANA ARMENDARIZ, MARIA BARNAS, MARTIN DI PECO, MELINA DORFMAN,

MARIANO GARCIA, JUAN MORALEJO, GUILLERMO UENO, MAX ZOLKWER

 

 

 

 

 

 

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _

ME FALTA PUNCH, CRONICA DE UN TRABAJO ABURRIDO,

POR MELINA DORFMAN

 

 

1. Tuve una capacitación en el trabajo. Vino un ingeniero a enseñarme cómo utilizar el programa. "¿De qué es?", pregunté. "Es un sistema de gestión", me contestó. Asentí con la cabeza y pasó a explicarme paso a paso el contenido. Todo terminó con un "y como todavía no tenemos los datos de la empresa ingresados, practicá con el ejemplo: Emprejem". Una vez que el hombre se fue, me dediqué a explorar de qué se trataba ese modelo. En la lista de clientes se encontraban: Calandria SA, El Caballero SA, El Cordobés Elegante SA, El Malevo del Sur, L'Homme Nouveau, La Manga Larga SA, Ruedo SH, Shirt World. En la lista de proveedores figuraban: Botonería El Ojal, Taller Miguelito, Mercería El Botoncito, Librería Pelusa.

 

2. En el tren a Martínez, un señor preguntaba cada cinco minutos cuál era la próxima estación. Lisandro de la Torre. Belgrano C. Núñez. Rivadavia. Vicente López. Olivos. La Lucila. Martínez. Fui especialmente a que me atendiera el dentista. Me puso un perno en la muela derecha. Mientras tanto escuchamos en la radio a un especialista en mujeres. Dijo que ellas, cuando se van de vacaciones, llevan demasiados productos, incluso un cepillo redondo que no sirve para nada. "¿Cómo que no sirve? Es para el brushing", aclaré. Mi dentista no pareció creerme. Después cuidó de no lastimarme: "la lengua es muy importante para las mujeres porque con ella hacen muchas cosas". Salí tarde del consultorio. Fui a un locutorio y después volví a tomar el tren. En Retiro, hice combinación con el subte. Y dentro de un coche estaba el señor que preguntaba todo el tiempo por las estaciones.

 

3. Almorcé con el cadete en la cocina. Un sandwich de queso en pan de campo. Discutimos acerca de si estaba bien o mal comer ese tipo de cosas. Después de eso tomé tres pastillas. Le conté que tengo una bacteria en el estómago, una infección en la cara y mucho temor a que me caigan mal los remedios. "Y sí...", me contestó. "Capaz sos alérgica y no lo sabés. Yo descubrí todo desde que comí por primera vez un morrón".

 

4. Vino la recepcionista. Dijo: "Situación. Recién fui al baño y sonó un estruendo que hizo temblar hasta el papel higiénico. Y la guacha no salió hasta que me fui. Se ve que comió bien". Después contó uno de sus tantos chistes de "media mañana": "Un señor le pregunta a otro que tiene un loro en el hombro: ¿El loro habla? Entonces el loro le contesta: no sé...".

 

5. Todos los días seguimos el alumbramiento de la paloma que se ubica en el hueco del aire luz. Puso dos huevos, tuvo dos hijos y uno de ellos murió rápidamente. El pichón que quedó, nació amarillo, con un aspecto parecido al de un pato. En poco tiempo, comenzó a pararse y dos semanas más tarde cambió de color. "Está absolutamente negro", anuncié a todo. "¿Está en celo?", preguntó la secretaria. "No. Está negro".

 

6. Camino a casa, un reciente compañero que hasta ese momento nunca había abierto la boca, me confesó. "No me llevo bien con los números. Prefiero las relaciones públicas".

 

7. Llevé al trabajo una torta de mandarina. La recepcionista me pidió "para la próxima una selva negra". Le prometí hacérsela para alguna ocasión especial, para festejar, por ejemplo, el primer vuelo de "nuestro pichón". Ella miró por la ventana: "¿Te veremos el lunes?". "Capaz no lo veamos nunca más", opiné.

 

8. Frente a las planillas de Excel pensé que quiero coger con Tomás o con Diego o probablemente, con un tercero que aún no conozco.

 

9. El padre del jefe preguntó por el chico nuevo. "Habla poco, ¿vieron? Pero el hermano es una bala...".

 

10. "El Mutuario podrá -sin perjuicio de lo establecido en la cláusula anterior- con consentimiento del Mutuante, entregar en pago de su deuda valores, a efectos de que con su acreditación cancelen total o parcialmente las obligaciones asumidas en el presente. En garantía de la obligación asumida, el Mutuario deposita en poder del Mutuante la documentación que se detallará por instrumento separado, la que podrá ser negociada, depositada, o ejecutada por el Mutuante, el que habrá de descontar de la liquidación final los importes que percibiera de la efectivización de esos valores". Hasta que mi jefe no leyó el contrato en voz alta, creí leer "mutante" como un concepto normal.

 

11. La secretaria se puso contenta porque recibió un mail animado. La imagen se componía de una luna gigante a la izquierda y una larga hilera de pequeñas montañas a la derecha, todo esto multiplicado hacia abajo gracias al espejismo de un lago. "Venir al trabajo con una sonrisa: Eso es calidad". Y así una lista de consejos útiles para aplicar. De pronto, descubrí el engaño. Donde ella aseguraba ver un paisaje ideal, yo distinguí la forma de una pija parada. "Sos muy ingenua. ¿No te diste cuenta?". Esperé el chiste final, aquel que me hubiera dado la razón. Pero nunca llegó. Ser mal pensada, obsesionarme con algo sin motivo alguno aparente, no asumir lo que me pasa: eso es no-calidad.

 

12. El jefe cumplió 34 años después de la primavera. Alguien compró una torta y la guardó cerrada "hasta que esté presente la mayoría". Yo me moría por comer algo dulce e imaginé que lo iría a hacer ni bien entrara al trabajo, a media mañana. Pero no. Pronto me di cuenta de que no sería tarea fácil juntar a todos en un mismo horario para festejar. Incluso imaginé la posibilidad de que el paquete permaneciera cerrado hasta el fin del día y que el cumpleañero se lo llevara para compartirlo con otra gente más indivisible. Mientras tanto, la ansiedad me mataba. Casi no podía concentrarme. Mi tarea era hacer una lista de gastos a rendir del gerente, partiendo de la base de que gastó más de lo que rindió y rindió incluso gastos no correspondiente. Tuve un momento de gloria: descubrí un ticket por compra abundante de fiambre y cerveza en un supermercado de Ituzaingó mientras estaba de viaje en Comodoro Rivadavia. Finalmente, cinco minutos antes de que nos fuéramos, soplamos las velitas. La torta era lo más pastel que vi en mi vida. Crema con firuletes en rosa y una flor comestible celeste. Comí un pedazo grande y dije: "Está riquísima".

 

13. Me mudaron a otro cuarto con el chico que nunca hablaba. Creo que era cuetión de entrar en confianza porque ahora lo hace sin parar. Hace poco me contó que sale con dos chicas y que siempre las cita en el Abasto. Lo que comenzó como un chiste fácil terminó siendo nuestro concepto favorito, aplicable a todo y a todos, sin más. Cuando regresó del kiosko me comentó: "Esta buena la que atiende. Yo le daría abasto".

 

14. Finalmente, la recepcionista, la secretaria, el chico nuevo y yo, nos hicimos buenos amigos. Un día, ni bien cobramos, fuimos a tomar helado al Once. Nos sentamos en una mesita redonda que tenía un jarrón pegado a la base con ramo de flores artificiales. No me acuerdo bien de qué hablamos en todo el tiempo que estuvimos ahí. Pero hay algo que me costó olvidar. Alguien empezó a contar anécdotas de un tipo que trabaja en nuestro piso. Alguien aseguró haberlo visto, en más de una ocasión, meter chicas rápido a su sector, casi de manera sospechosa. A mí me llamó mucho la atención. Es casi de mi edad, tiene ya tres hijos, es creyente y llama a su mujer "mi señora". Pensé que era más un santo del matrimonio que un devoto de la prostitución.

 

15. A menudo chateo con un chico que trabaja en la sucursal del Olavarría. Me contó de su casa, de su cachorro Rottweiler y lo mucho que odia festejar su cumpleaños. Me invitó, más de una vez, a pasar un fin de semana con él. Mi respuesta fue una pregunta: "¿Por qué no te compraste un Cocker?". El perro fue la excusa perfecta. No estoy acostumbrada a la actitud viril.

 

16. La recepcionista tomó el hábito de darle galletitas a las palomas a eso de las once. "Un plato de comida no se le niega a nadie", expresó la primera vez, y abrió la ventana para tirar las migas. Justo ahí, había un obrero colgado de una silla con arnés limpiando los vidrios que dan al aire luz. El hombre golpeó la ventana para que le abriéramos y pidió. "No le den más de comer a las palomas. Me ensucian". Yo pensé que iría a decir algo peor: que podrían venir volando, rápido, y hacerlo caer, del posible susto o de un golpe concreto. Igual, no logró su cometido.

 

17. No sé cómo, un cobrador terminó confesándome que su hijo es modelo. Acto seguido, sacó de su maletín montones de fotos y recortes de revista. Después de ver su protagónico en una campaña de Christian Dior, me entusiasmó la idea de conocerlo. "Yo quiero un novio así", comenté. El señor se rió y me contestó: "Es que vive en España". Ahora cada vez que viene, me trae material nuevo para ver. "Dígale a su hijo que acá tiene una admiradora", le pedí. Y el señor me advirtió: "Bueno, tiene doscientas". No contento con eso, con ponerme al final de la larga cola, agregó: "Además tiene novia". Un auténtico cortamambo.

 

18. Como no sabía de qué manera se podía ingresar una conciliación al sistema, llamé al ingeniero. Me sugirió, para ordenar el pago final de dos proveedores-clientes, sacar facturas de compras hasta igualar el total de las ventas. Cuando mi jefe vio que hice eso, gritó: "¡Pero este hombre no sabe nada de contabilidad! ¡Es un error garrafal! ¡El contador lo va a matar!", Entonces, lo llamó para decirle que todo el tiempo que usó para explicarme mal las cosas no sólo no lo iría a cobrar sino que se lo descontaría de su sueldo. El ingeniero, en vez de aceptar su error, me echó la culpa: "Ella entendió mal".

 

19. Empece a ir caminando al trabajo. Queda lejos pero me gustó la idea de sentir un poco el sol. Entre las cosas que pensé en uno de los trayectos se encuentra el siguiente enunciado: "Quiero se la novia de un chico lindo".

 

20. El cadete ascendió rápidamente. Bastó un poco de simpatía y muy buena presencia para convertirse en un personaje querible entre los compañeros. Harto de hacer trámites en la calle, esperó el momento justo para pedir un cambio laboral. Y así fue que ocupó un puesto vacante de una chica que fue echada por fingir un robo portando plata de la compañía. Se adecuó con facilidad al nuevo oficio gracias a su excelente capacidad de aprendizaje. A los pocos días, yo pasé a ser su asistente. Un día me dijo: "¿Cómo puede ser que mi sueldo sea $50 menor que el tuyo?". "Y sí, tenés razón", le respondí, "es una injusticia".

 

21. Mi jefe decidió comprar una impresora multifunción: blanca, grande, compleja y cara. Y opinó: "Creo que deberíamos sacarle el máximo provecho posible. Habría que leer el manual. Capaz alguno de ustedes quiera hacerlo en el colectivo o tren". Por supuesto, obvié el requerimiento. En lugar de eso, ofrecí probar la máquina por primera vez. Metí una hoja, apreté el botón de Copy y vi el papel entrar más arrugado que nunca. "Me la chupó mal", grité ante todos los que observaban.

 

22. Las palomas desaparecieron del pozo de aire luz. Hace poco vino una, perdida. Me acerqué a la ventana y a través del vidrio, noté que estaba parada sobre la ventilación del calefactor. "Hola, ¿buscás comida?", le pregunté. "Mirá que aquí siempre traen las mismas galletitas".

 

23. Me encargaron reconstruir la cuenta corriente de un hombre que, por un lado, nos alquiló parte de la oficina para usarla de inmobiliaria y, por el otro, pidió un prestamo que nunca devolvió. Yo me acordaba bastante de él. En especial recuerdo haberle escuchado un llamado telefónico, codificado por las dudas para no ser entendido: "Quería tomar un turno para un baño. Bueno, es una mestiza. Se llama Gregoria. Sí, pelo corto. ¿Trabajan de corrido? ¿Al mediodía? Está bien. A las 15. Bárbaro". Es extraño: hay gente que cree que ir al veterinario es más vergonzoso que estafar. En mi escala de valores, lo más bochornoso es ver a más de dos personas comiendo de un mismo bol.

 

24. La llegada de una recepcionista nueva alteró mi paciencia. Mayor, poco elegante en el vestir, tenía la gran habilidad de anteponer la cautela ante todo. No dejaba de hacer nada que considerara prioritario aunque se viniera el mundo abajo. Tal es así que tardaba al menos 5 minutos en atender un llamado telefónico. Eso me irritaba tanto que tomé por costumbre levantar el tubo yo, cada vez que sonaba el conmutador. No era mi obligación hacerlo. Fue mi salud mental quien me lo exigió.

 

25. Escuché a un cliente hablar del casamiento de su hija con mi jefe: "Yo pagué todo, hasta la fiesta. La familia de mi yerno no puso un mango. Pero lo que más me convino fue aportar para la ceremonia religiosa. El templo me permitió reducir impuestos.

 

26. No es fácil encontrar comida a tiempo, en zonas de alta población laboral. Habituada a estas contrariedades, yo sabía dónde comprar qué cosa, dependiendo la hora en que cortara de trabajar. Antes de las 13 optaba por un kiosko en donde había gran variedad de platos vegetarianos. Generalmente pedía bohios, con la mala pronunciación que se merecen: "Deme un bollo de calabaza", "Quiero un bollo de verdura" y así. Pasadas las 14, me dirigía a la panadería a comprar pan Catalán, de nombre inexplicable. Luego iba al supermercado, llevaba muzzarella en fetas más tomate y construía, con el total de los ingredientes, el mejor sándwich del mundo. Más allá de ir a un lado u otro, casi siempre paraba un rato en el locutorio. Al verme entrar, el dueño exclamaba "¡Bambina!". Me hubiera gustado saber un poco de italiano para sorprenderlo con una inteligente conversación. Yo simplemente le sonreía, haciendo una muequita, queriéndole demostrar con timidez lo mucho que había contribuido en cambiarme para bien los días.

 

27. Llevé un compilado de rock español al trabajo. Lo escuché una y otra vez en alto volumen. De pronto, me levanté para ir al baño. Cuando volví: silencio. La señora lenta había puesto Stop en el reproductor. "Es que justo oí algo muy feo", argumentó. Momentos después, descubrí que el grupo que tanto le desagradaba era Siniestro Total.

 

28. El ex cadete y yo nos hicimos muy amigos, confidentes en el trabajo y en la vida. Nos gustaba hacer muchas cosas juntos: hablar mal de los jefes, escribir mails a nuestros amantes, intercambiar discos, ir de compras en épocas de liquidación. Un día tranquilo y de lluvia, lanzó una ironía: "¿Vamos a caminar por la costanera?". La propuesta me pareció hermosa, casi tentadora. Pero la rechacé en defensa de mis zapatos costosos. "Dale", insistió. "¿Acaso mi piloto caro se puede mojar?".

 

29. Decidí ir a un psicólogo. Me cayó mal desde la primera cita. El consultorio era en su comedor, mientras la sala de espera en la habitación de los niños. Al tercer encuentro el hombre inquirió: "¿Se puede hablar de un prototipo de hombre del cual siempre te enamorás?". "Claro", sostuve con altanería. "Se trata de artistas, de poco diálogo, disfuncionales sexuales, que se muestras desinteresados en mí cada vez que tienen la ocasión para hacerlo". "Impresionante", afirmó el terapeuta. Y no fui nunca más.

 

30. La teletransportación se hizo posible. Tras hacer una liquidación, me levanté y fui directo a la mesa de dinero. El asistente de mi jefe señaló el televiso que capta las imágenes de las cámaras de seguridad: "¿Cómo puede ser que estés acá y al mismo tiempo allá?". Y efectivamente me vi, sentada de espaldas, haciendo tareas. por efecto del delay, sentí que había dejado mi espíritu en algún otro lugar.

 

31. Me enamoré de un chico en el ascensor. Siempre de lentes oscuros, nunca lo vi llevar cartera o bolso. De seguro no es artista, mucho menos diseñador gráfico. De hecho trabaja en la sucursal de un banco, un piso más abajo. Tiene la actitud de un telemarketer. Siempre lo espío por la ventana del contrafrente. Suele almorzar con sus compañeros en una cocina más que equipada. En el ascensor nunca me habla. Creo que no le intereso.

 

 

 

 

 

ARRIBA